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ELISA VALERIO

CURADORA Y CRÍTICA DE ARTE

¿Hacia dónde va la curaduría? Un relato del Intensivo Curatorial en Montevideo 2026
ARTEINFORMADO, 8 de abril 2026

Entre el 14 y el 21 de marzo tuvo lugar en Montevideo, Uruguay, el sexto programa alojado en Latinoamérica del Intensivo Curatorial de Independent Curators International (ICI). Previamente, se había realizado en Argentina, Brasil, México y Colombia. La formación se llevó a cabo en la Facultad de Artes de la Universidad de la República y el simposio final se hizo en el Museo Nacional de Artes Visuales, principal institución artística del país. 

El Curatorial Intensive se realiza desde 2010 y ha recorrido 25 ciudades de todo el mundo. Renaud Proch ―director de ICI― explica que a lo largo del tiempo y de las múltiples experiencias, el programa ha resultado ser especialmente fuerte y potente en comunidades artísticas en crecimiento, con infraestructuras más endebles, en donde se puede incentivar a los curadores independientes a que creen o transformen los espacios para difundir y poner en valor el arte contemporáneo, aludiendo no sólo a espacios de exhibición, sino también a espacios para la reflexión y el pensamiento. De acuerdo con Proch, llegaron a Uruguay en el momento justo: «porque están pasando muchas cosas en el país, pero al mismo tiempo no suficientes; es un momento de gran potencial».

En esta ocasión participaron doce curadores emergentes provenientes de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Estados Unidos, Venezuela y Uruguay; quienes compartieron la formación con Proch y Marina Reyes Franco, coordinadora de esta edición del programa. A su vez, las profesoras invitadas fueron un potente grupo de curadoras latinoamericanas: Ionit Behar (curadora uruguaya basada en Chicago, actual curadora del Marilyn and Larry Fields, Museum of Contemporary Art Chicago), Keyna Eleison (curadora independiente, directora general de la Bienal das Amazônias y co-curadora de la 36 Bienal de São Paulo), Maya Juracán (curadora, escritora y activista guatemalteca), Ana Laura López de la Torre (artista, educadora y escritora, especializada en prácticas artísticas sociales y comunitarias) y Victoria Noorthoorn (curadora egresada del Bard College, directora del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires).

Se trata de un grupo profundamente comprometido con la comunidad y la sociedad en la que están insertos, con sus cruces y complejidades ―a veces atravesados ellos mismos por movimientos migratorios―, y con una fuerte mirada crítica sobre lo que está pasando en el mundo.

En primer lugar, respecto de las docentes invitadas, Laura Bardier ―directora de ESTE ARTE―, una de los principales patrocinadores del programa y la persona que hizo posible que esta formación se realizara en Uruguay, señaló que consideraba de vital importancia que entre las profesoras hubiera dos uruguayas: una viviendo y trabajando en el país, y otra que estuviera radicada en el exterior, pero con lazos activos con el país para generar esa riqueza de miradas y contrapuntos. Respecto a ello, Proch aclaró que el intensivo no es un compendio de ideas que salen de Nueva York (sede de ICI) sino que es el producto de diálogos que surgen de, en este caso, un grupo de docentes y profesionales que cruzan las distintas fronteras de América a lo largo y ancho.

En particular, sobre este grupo de participantes, las docentes destacaron su capacidad para repensar e imaginar futuros, esto es, la reinvención de formas de pensamiento y conocimiento ―entendiendo la curaduría de exposiciones como una forma de generar nuevas relaciones conceptuales y de conocimiento―, así como el cuestionar a las instituciones para originar otros espacios posibles. Se trata de un grupo profundamente comprometido con la comunidad y la sociedad en la que están insertos, con sus cruces y complejidades ―a veces atravesados ellos mismos por movimientos migratorios―, y con una fuerte mirada crítica sobre lo que está pasando en el mundo.

 

Resulta interesante uno de los puntos señalados por Eleison, quien menciona cómo ha cambiado la perspectiva en cuanto a las instituciones, en donde se puede apreciar una brecha generacional. Los participantes de este encuentro tienen a las instituciones (el museo, la academia, etc.) muy presentes e interiorizadas en cuanto a una búsqueda por actualizarlas y recuperarlas, tanto en su dimensión conceptual como práctica, cuestionándolas y quebrando sus reglas para que emerjan nuevas modalidades y tipos de museos. En contraste, la generación de Eleison, y anteriores a ella, tenían una postura de lucha contra las instituciones. Por lo tanto, entre los proyectos presentados por los participantes encontramos desde museos sin fronteras hasta archivos queer o tantas otras formas y expresiones en las que distintas comunidades o grupos subrepresentados se hacen presentes y reclaman su visibilización, sus derechos y la conservación de su memoria y legado estético, político y ético. Por ejemplo, Santiago Ávila Albuja ―participante del intensivo― propuso el proyecto Archivo Vivo de PachaQueer, que viene desarrollando en el Centro de Arte Contemporáneo de Quito, en el marco del cual continúa preguntándose: «¿Desde dónde y para qué seguimos apropiándonos de estos espacios, sobre todo del museo, que no fueron pensados para este tipo de cuerpos [trans y queer]?  ¿Cómo nos dejamos permear por estas otras formas de vida, cómo aprendemos, cómo cuestionamos y cómo subvertimos el orden de estos conocimientos y cómo les damos un espacio en el museo?», una pregunta que resume el tono del encuentro.

Un rol polivalente y multifuncional 

El primer problema que surge cuando hablamos de curaduría suele ser llegar a una definición más o menos consensuada sobre sus funciones y alcance. Ese es uno de los objetivos de ICI. De acuerdo con la organización,  el rol del curador es entendido como un organizador de comunidades, un líder comunitario, alguien que apoya a las comunidades de artistas, fomenta la apreciación del arte y crea o fortalece las infraestructuras para que estas comunidades produzcan y expongan sus obras de arte. Es también alguien que propone o produce un discurso en torno a las obras de arte y abre dicho discurso para que las personas se pongan en contacto con el arte. Esta definición es abierta y cambiante, y es el resultado del trabajo y las colaboraciones con numerosos curadores. De acuerdo con Proch, «es un concepto relacional, que está muy anclado en la sociedad, que sugiere que un curador puede guiar a una comunidad en tiempos difíciles». Desde su perspectiva, esta noción difiere respecto de la concepción más tradicional en la que la curaduría quedaba circunscripta a la institución museal y a la conservación o gestión de colecciones.

Todos coinciden en la complejidad que implica esta labor y en la diversidad de tareas que puede llegar a cumplir o realizar un curador, dependiendo sobre todo de las infraestructuras y los medios económicos. Entre estas funciones podemos enumerar solo algunas para dar cuenta de la vastedad del rol: selección, investigación, escritura, historización, producción, gestión, administración, diseño, montaje, educación, mediación, negociación, estrategia… Por ello es clave poder formar equipos de trabajo en los que distribuir las distintas funciones para que, al alcanzar los resultados trabajando en conjunto, estos tengan una inmanencia ética, de respeto, cuidado y reciprocidad. 

 

No se trabajará por amor al arte

Lo anterior se vincula directamente con el tema de los presupuestos, las herramientas y arquitecturas de financiamiento. A lo largo del intensivo se discutió sobre los presupuestos limitados y las estructuras escasas o débiles para poder sostener las necesidades del rubro, sobre todo desde una mirada del sur y desde algunos países en los que estas limitaciones son más acuciantes que en otros. Varios de los participantes comentaron que perciben que las infraestructuras y el acceso a financiación es aún más limitado en algunos países, como Venezuela o Uruguay, donde las instituciones cuentan con recursos muy magros o mínimos para poder mantener su funcionamiento. Asimismo,  las diferencias de presupuesto se notan entre la capital y la realidad que viven las ciudades del interior del territorio. En este marco, se reivindicó la importancia de garantizar el pago de los trabajos creativos en sus distintos roles. La experiencia de Juracán es un buen ejemplo de una modalidad alternativa de sustento y administración, en donde un colectivo de cuatro curadoras postula a fondos de forma constante y organizada. El 10% del dinero gestionado es vertido a la organización para garantizar su funcionamiento. Esta modalidad justa de trabajo es, a la vez, una militancia y una buena práctica, que promueve la profesionalización del campo y sus diferentes agentes, con sus pagas correspondientes, a contrapelo de la lógica neoliberal de la precarización y la auto/sobre-explotación. 

Para Eleison, cuando hablamos de presupuesto, también tenemos que hablar de política. Más allá de la dimensión práctica de la administración y gestión de fondos, esta curadora recalca la importancia de ser imaginativos y creativos a la hora de pensar alianzas estratégicas y construir estructuras de financiamiento sólidas y duraderas con diversas partes (públicas y privadas, fundaciones, fondos nacionales e internacionales, sistemas de intercambio, etc.) para dar continuidad a largo plazo a los proyectos. Su apunte recuerda a imaginar y crear alianzas en sintonía ética con los tiempos que corren, desafiando a los sistemas del arte y la cultura a no sostener economías extractivistas o esclavizantes.  

Entre la autoría y la humildad

Otro de los temas que apareció en el intensivo fue la importancia de confiar, valorar, invertir y fortalecer las ideas curatoriales propias. Confiar en el criterio personal y en la voz creativa individual, cada quien tiene su propósito y, en última instancia, un deseo por querer transformar o aportar al mundo de cierta manera. De acuerdo con Proch, el concepto de proceso creativo implica «querer transformar el mundo de alguna manera». Más allá de las modas, de lo que muestran todas las ferias o galerías, los curadores deben poder presentar, ayudar a comprender y defender la obra de los artistas en los que creen firmemente, gracias a su libertad creativa y de pensamiento. Estas decisiones implican, no sólo coraje y valentía, sino ego para poder sostenerlas y hacerse responsables de ellas. Pero este ego, bien gestionado y en sintonía de reciprocidad, debe ir acompañado de un gran sentido de humildad y de reconocimiento y agradecimiento por el trabajo de las demás personas que hacen que los proyectos se lleven a cabo, porque en definitiva nadie trabaja solo.

Más allá de las modas, de lo que muestran todas las ferias o galerías, los curadores deben poder presentar, ayudar a comprender y defender la obra de los artistas en los que creen firmemente, gracias a su libertad creativa y de pensamiento.

Entre otros de los desafíos y oportunidades que se vislumbran para el futuro, Behar destaca la capacidad de escucha y el cuidado, así como «mirar con detenimiento, dar tiempo y resistir la velocidad con la que muchas veces se nos exige reaccionar». En esta misma línea, Eleison reivindica la pausa como un espacio para reorganizar y reestructurar el pensamiento, no como lo opuesto a la actividad, sino como el espacio que posibilita tomar distancia para ganar perspectiva. Sobre esto mismo Bardier comenta que Uruguay brinda el tempo preciso para poder reflexionar y decantar ideas sin el barullo de la vorágine. 

Para Behar, uno de los mayores aportes que puede brindar la curaduría en la actualidad es «la posibilidad de crear entornos donde se experimente la paciencia, la atención y la intensidad de los procesos, recordándonos que el arte no es sólo información, sino experiencia y relación».

 

Más allá de las expectativas

Este grupo de jóvenes curadores vino buscando respuestas y estrategias metodológicas de trabajo, y, en cambio, se encontraron con una formación que fomenta el continuo cuestionamiento y abre preguntas incómodas una y otra vez. Los relatos y experiencias de las distintas docentes les permitieron delinear diversas formas de hacer y practicar la curaduría. En todos los casos, el foco parece estar en una curaduría consciente y situada: desde dónde se enuncia y hacia dónde se dirigen. Reina la sensación de satisfacción y de haber compartido una experiencia intensa y enriquecedora, donde cada uno se lleva nuevas preguntas, contactos y redes para seguir tejiendo y desentramando.

Durante el simposio de cierre se presentaron los proyectos en los que trabajaron los participantes durante el intensivo. Esta jornada se estructuró en torno a tres ejes temáticos definidos por los propios participantes. El primer eje, denominado Territorios en movimiento, abordó el territorio comprendido como espacio de relaciones en constante construcción y trabajó temas que van desde la diáspora del Caribe hasta la triple frontera guaraní (Argentina, Paraguay y Brasil), los problemas de tierra y vivienda en Brasil, así como las relaciones tectónicas entre Uruguay y Namibia. En segundo lugar, se presentó el nodo Procesos de coaprendizaje desde una perspectiva situada en América Latina, un módulo que cuestionó los límites de los museos y las instituciones artísticas, con especial foco en los cuerpos y las disidencias. Aquí se presentó un museo itinerante llamado Museo del Devenir, pasando por un proyecto que busca trazar puentes entre la mujer brasileña y la mujer latina, el proyecto que se mencionó antes vinculado al archivo PachaQueer y una investigación sobre la obra de indígenas Yanomami, que plantea preguntas tanto sobre su exposición museográfica como sobre su marco conceptual. Por último, el núcleo Dispositivos de especulación colectiva, planteó la posibilidad de especular e imaginar otros mundos posibles como un acto de resistencia, con un proyecto que se propone especular lo ausente desde una mirada crítica; mientras que Juaniko Moreno se animó a ir más lejos y jugar con el humor y las reglas con Legal limítrofe; y una invitación a revisitar el paisaje cósmico y geológico para dar espacio a la contemplación y el asombro en un mundo en el que rara vez se miran las estrellas.

Estas propuestas dan cuenta, justamente, de la amplitud de miradas y abordajes posibles ante un proyecto curatorial. En todos ellos prevalece un hilo conductor que vincula pasado, presente y futuro: desde el anclaje y (re)conocimiento del pasado, se trabaja sobre temas que afectan el presente y a partir de allí se proyectan futuros posibles en clave especulativa. Cabe destacar la agencia desde la cual se parte para la construcción de este futuro, se trata de tomar un rol activo, una construcción en la cual se propone y enuncia un relato que gestará lo que aún está por venir.

 © 2024, ELISA VALERIO

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