CURADORA Y CRÍTICA DE ARTE
LA TEMPESTAD
Fundación Cervieri Monsuárez
Artistas: Eduardo Cardozo, Fabián Oliver y Álvaro Zinno
Curaduría: Elisa Valerio
Fechas: 21 de junio al 7 de septiembre de 2025
Ubicación: Fundación Cervieri Monsuárez, José Ignacio, Maldonado, Uruguay
Fotografía: Álvaro Zinno
En la sala del subsuelo se propone una instalación colectiva, que busca conectarnos con el inconsciente, que en cada uno de estos artistas toma una materialidad diferente: Eduardo Cardozo trabaja desde la pintura y el gesto; Fabián Oliver (Montevideo, 1964), desde el sonido; y Álvaro Zinno (Montevideo, 1958), desde la luz.
Descender al inconsciente. Adentrarnos en nuestros propios miedos e incertidumbres. Perdernos en un paisaje onírico, una suerte de bosque que tiene tanto de misterioso como de terrorífico, en un entramado de ramas, cintas y cables, que se entrelazan, mezclan y confunden.
En este espacio cóncavo, sin aristas y bordes redondeados, las líneas y los gestos fluyen a su antojo, sin figuración y sin forma. Aquí el discurso no tiene lugar y las palabras sobran, todo se vuelve protoforma: el estadio anterior a la forma. Es el instante previo a la concepción de toda obra: el caos gestacional.
Habitar, aunque sea por un momento, este espacio sin tiempo, donde todo parece en pausa a no ser por el sonido que nos marca un ritmo y movimiento. Estos ruidos, orgánicos y corporales, emanan de una grabadora de carrete abierto que se pierde y enreda en una columna de maraña.
Este paisaje, aparentemente deshabitado y estático, encarna una energía cinética, que recorre todo el ramal. Mientras que el eje central y génesis irradia su luz y potencia hacia los márgenes, donde quedan los rastros del pensamiento humano: los gestos en grafito trazados en las paredes, las columnatas de libros y el murmullo corporal, que disminuye a cada paso…
En el subsuelo, Cardozo invita a dos grandes amigos —Fabián Oliver (Montevideo, 1964) y Álvaro Zinno (Montevideo, 1958)— a trabajar en una instalación colectiva que invade el espacio: La Tempestad (2025). En ella, cada uno conecta con un viaje hacia el inconsciente desde la materialidad que le es propia: Cardozo trabaja desde la pintura y el gesto; Oliver, desde el sonido; y Zinno, desde la luz.
Así, nos proponen descender al inconsciente. Adentrarnos en nuestros miedos e incertidumbres. Perdernos en un paisaje onírico, un entramado de ramas, cintas y cables que se entrelazan y confunden, una suerte de bosque que tiene tanto de misterioso como de extraño.
En este espacio cóncavo, sin aristas y de bordes redondeados, las líneas y los gestos fluyen libremente. El discurso no tiene lugar, y las palabras sobran. Todo se convierte en protoforma: el estadio previo a la forma. Es el instante anterior a la concepción de toda obra: el caos gestacional.
Se trata de habitar, aunque sea por un momento, este espacio sin tiempo, donde todo parece detenido, salvo por el sonido que marca un ritmo y un movimiento. Estos ruidos, orgánicos y corporales, emanan de una grabadora de carrete abierto, que se pierde y enreda en una columna de maraña.
Este paisaje, aparentemente deshabitado y estático, encarna una energía cinética, que recorre todo el ramal. Mientras que el eje central y génesis irradia su luz y potencia hacia los márgenes, donde permanecen los rastros del pensamiento humano: los gestos trazados en grafito sobre las paredes, las columnatas de libros y el murmullo corporal, que disminuye a cada paso.
Elisa Valerio







