CURADORA Y CRÍTICA DE ARTE
Juan Manuel Rodríguez
Xippas, Punta del Este (UY)
ArtNexus, #126 (junio-noviembre 2026)
La exposición “Amanecer infinito” de Juan Manuel Rodríguez, curada por Manuel Neves, en la galería Xippas de Punta del Este, presenta una serie de trabajos nuevos, realizados en acuarela sobre papel, que marcan un punto de inflexión en el corpus de su obra. En estos grandes papeles apaisados aparece el paisaje, pero se trata de una sensación de paisaje que se delinea gracias a una línea de horizonte y a un marco de vegetación. Sus trabajos anteriores, en óleo sobre tela, se caracterizaban por una marcada figuración que retrataba la vida cotidiana y la intimidad en primer plano, con escenas sensuales en espacios interiores, en torno a camas y cuerpos masculinos. Estas acuarelas, entonces, aparecen como una bocanada de aire fresco, a través de la cual el artista logra generar un lenguaje sensual y sugerente a partir del agua.
Estos trabajos son el resultado de su estancia en 2023 en el País Vasco, mientras cursaba su maestría en pintura en la universidad de dicha región. Los títulos de las obras, en muchos casos, nos aportan la información exacta de cuándo fueron producidas: fecha, lugar, hora de inicio y de finalización. Así, el artista busca reflejar el acto pictórico como un acto ritual, en el que la presencia es vital, pero el proceso en sí y su temporalidad también tienen valor, más allá del resultado. Es en este acto pictórico que el artista trata de desprenderse de sus ideas y preconceptos –o de su estado de conciencia, en términos más espirituales– para crear una obra donde las emociones fluyan como cursos de agua que suavemente tiñen de pigmento la hoja.
El paisaje aparece en estos papeles como una construcción mental, como el recuerdo de un paisaje que nos es relativamente familiar y, en igual medida, ajeno. Estas acuarelas no dicen, sino que evocan. Su capacidad es la de la insinuación y su lenguaje, el del susurro. Allí radican su fuerza y su potencia. No hay una intención de imitar la realidad, sino de sugerir una idea de paisaje arquetípico que existe en la memoria de nuestra retina.
Esta muestra conlleva un ejercicio de observación; hay que acostumbrar la mirada para poder captar la riqueza y la diversidad expresiva que condensa cada pieza. A primera vista, lo que captamos es el color y su gradación. La intensidad de los cielos –que alcanzan tonos fucsias y naranjas– y la densidad de la vegetación –en colores terrosos– se contraponen a la bruma y a las partículas etéreas que habitan en la línea del horizonte.
En segundo lugar, tras una observación atenta, aparecen la forma y la huella que el agua ha dejado sobre el papel, lo que pone en evidencia la capacidad expansiva del pigmento, tal como puede apreciarse en Leioa, 28 de febrero de 2023 (2023). Esto nos lleva a la dualidad entre presencia y ausencia: estas pinceladas y manchas generan formas sutiles, vaporosas, de límites difusos, en donde el referente aparece más como ausencia que como presencia. No vemos vegetación, sino manchas; no vemos cielo o sol, sino franjas con degradé de color; no están los elementos en sí, sino su recuerdo, su latencia.
El curador vincula este procedimiento de trabajo de Rodríguez –en el cual es el agua, junto con los pigmentos, la que define la forma– con algunos de los recursos surrealistas, “donde el artista construía una imagen a partir de las posibles evocaciones que le sugerían manchas informes”. Más allá de esto, este aire etéreo y brumoso que alcanza la mayoría de estas piezas me remite al antiguo paisaje de tradición china (shan shui), realizado caligráficamente sobre largos rollos de papel, en los que importan tanto el trazo como el vacío.
En la mayoría de estas obras impera un tono alegre y positivo, dado en gran medida por un uso expresivo del color. Sin embargo, 18 de mayo, 14:40 hs - 18:00 hs (2023) tiene un carácter más mustio y apagado, otoñal –si bien en esa fecha en el hemisferio norte es primavera– y triste, al utilizar una paleta cromática más fría y baja. Lo mismo sucede con 29 de marzo, 17:30 - 18:30 (2023), que tiene una pincelada más expresiva y dramática, con trazos vigorosos y rápidos, donde la insinuación del paisaje ha cambiado por completo, ya que la verticalidad toma casi toda la composición, con esta suerte de plantas de agua o tentáculos que suben hacia lo que podemos imaginar que es una superficie acuática.
Como suele ocurrir en el tradicional género del paisaje, la mayoría de estas obras son en formato apaisado. Si bien hay algunas excepciones, el caso recién mencionado y Sin título (2023-2025). Esta última obra también representa un enigma dentro de la exposición; aquí, el paisaje pierde protagonismo, y en primer plano se presenta un círculo multicolor, como un arcoíris. Se trata de una referencia y una reverencia al círculo cromático de Goethe.
En este enclave privilegiado en medio del campo, rodeados de verde y con un cielo infinito, donde los amaneceres y atardeceres parecen dilatarse, estos etéreos y delicados paisajes sobre papel nos amplían la mirada y nos invitan a trascender la imagen.